miércoles, 3 de octubre de 2012

5. APRENDIZAJE DE OTROS IDIOMAS



En caso de estar ante varios idiomas es necesario no entremezclarlos, es decir que en cada situación se utilice uno. No es adecuado que el padre hable al niño en francés, inglés y español a la vez; deben ayudarle a contextualizar cada idioma. Que cada padre hable en uno de los idiomas ayuda en el aprendizaje, lo mismo que en casa pueden hablar en uno, en el colegio en otro y con los abuelos o con un profesor en otro.

En lo que al aprendizaje de idiomas concierne, el Dr. Rodríguez recomienda que el niño aprenda primero el idioma que se hable donde vive, o sea, del ámbito donde se desarrolla. Lo anterior debido a que ello influye en el desenvolvimiento social de esta persona, lo cual le permitirá sentirse mejor adaptado y poder relacionarse con personas a su alrededor, como sus maestros (as) y compañeros (as) de clase, etc. Posterior a que adquiera este dominio, se puede iniciar la enseñanza de otra u otras lenguas. De lo contrario, la autoestima estaría en juego, pues si no se puede comunicar bien va a sentirse desplazado, o él mismo se va a aislar.
De hecho, a largo plazo, el conocimiento de lenguas extranjeras proporciona al individuo ventajas recompensantes a nivel no sólo personal, sino profesional y académico. Según el señor Mario Maroto Lizano , Gerente General de Lafise Bank, el aprendizaje de otro idioma aporta cultura, lo cual le permite al ser humano tener una forma de pensar más abierta y adaptable. También reconoció que en ciertas profesiones el conocimiento de una lengua extranjera es vital. Por ejemplo, un Médico que no domine el inglés se expone a sufrir un atraso en sus conocimientos técnicos y científicos, pues los avances en el campo de la medicina se publican en inglés y largo tiempo después en otros idiomas. Así pues, este asunto de las lenguas extranjeras también contribuyen en la competitividad profesional.


4. EL DESARROLLO DEL LENGUAJE DE 1 A 6 AÑO





• Hacia el año y medio ya es capaz de tener 10 ó 12 palabras. Es la etapa de un lenguaje particular del niño, una jerga difícil de entender para los adultos y que le acompaña en casi toda su actividad.

Es en esta época cuando utilizan la “palabra-frase”: una palabra quiere decir muchas cosas o expresar múltiples deseos o necesidades.



• A partir de los 2 años con un pensamiento simbólico incipiente, va ampliando rápidamente su vocabulario y empieza a comprender el significado de muchas palabras; además comienza a hacer frases de 2 ó 3 palabras y con los verbos siempre en presente. Todavía no tienen clara la idea de su identidad frente a los que le rodea y utiliza su nombre para designarse, hablando de sí mismo en tercera persona.

• Al llegar a los 3 años, el avance ha sido vertiginoso. Nos encontramos con el típico charlatán que no para de hablar, presentando en su lenguaje un matiz egocéntrico. Todo lo pregunta, le cuesta respetar el turno de palabra con los demás, no le importa lo que los demás le cuentan e intenta ser el centro de atención mientras habla.  Es curioso que a esta edad el niño acompaña la acción, el juego, siempre con la palabra; tiene que expresar el pensamiento.

A los 3 ó 4 años, el número de palabras ha aumentado hasta llegar aproximadamente a las 1000. Utiliza el “yo” para nombrarse, los pronombres personales, los adjetivos, los verbos, el plural y el singular. Su capacidad retentiva va en aumento, es capaz de adquirir nuevo vocabulario y de memorizar canciones, poesías, adivinanzas…



• Entre los 4 y los 5 años, el niño habla sin cesar, queriendo ser el centro de atención. Su lenguaje es un “monólogo colectivo”. Le gusta jugar con el lenguaje que cree dominar; de inventa canciones, poesías, adivinanzas, va dándose cuenta de las palabras que “suenan” parecidas, hacen pareados, les gusta cambiar el tono de voz para interpretar personajes de cuento, usa expresiones de adultos del tipo “¡Qué le vamos a hacer!”, etc.

• Entre los 5 y los 6 años se da por finalizado el proceso de adquisición de lo pilares de la lengua y a partir de aquí comienza el perfeccionamiento y ampliación de vocabulario. Es el momento en el que se puede comenzar con el aprendizaje de la escritura. 



3. EL DESARROLLO DEL LENGUAJE DE 0 A 1 AÑO




La edad de aparición de las primeras palabras puede variar de unos niños a otros, aunque en general se producen en torno al primer año de vida. También es importante tener en cuenta que el desarrollo del lenguaje suele ser más rápido en las niñas que en los niños.

En general, si observamos que nuestro hijo tiene un lenguaje como de un niño seis meses más pequeño, esto puede ser un indicio de que algo no va bien. Es entonces cuando debemos consultar a un profesional que valore si es necesario realizar un tratamiento de estimulación del lenguaje, con el fin de prevenir posteriores alteraciones en el desarrollo del mismo.





• Los recién nacidos se comunican exclusivamente a través del llanto. Poco a poco, éste irá modulándose para manifestar diferentes estados de ánimo que los padres podrán identificar según el tono.

• A partir de los 3 meses aparece un incipiente balbuceo que son sus primeros intentos de una posterior articulación de la palabra. Sus sonidos son guturales y labiales; y va escuchando su propia voz e incluso repite algunos sonidos.

• A partir de los 6 meses el niño sustituye los lloros por gorgojos y gritos. Se distrae mucho escuchando los sonidos que él mismo produce. Algunos empiezan a articular alguna sílaba como “pa”, “ma” o algún diptongo.

A estas edades el lenguaje es un juego fonético funcional, semejante al juego manipulativo y con él va dominando el aparato de fonación como condición primera e indispensable para la aparición del lenguaje.

• Al finalizar el primer año, utiliza los sonidos para conseguir una respuesta de su entorno; pero, son más bien una conducta imitativa de los adultos que la representación de palabras concretas.

Poco a poco van comprendiendo cada vez más palabras. El adulto al dirigirse a un niño de esta edad va cambiando el tono de voz: de enfado, de broma, con afecto… El pequeño les imita y así va adquiriendo un valor representativo de lo que escucha.


2. ¿QUÉ HACER PARA FOMENTAR EL DESARROLLO DEL LENGUAJE EN LOS NIÑOS?






  • Hay que estimular al niño para la actitud verbal desde que nace; hablarle aunque creamos que no nos entiende. No lo aturda, pero contarle lo que vaya a hacer, lo que está haciendo, a dónde va. Hacerle preguntas para que él también hable.


  • Dejar siempre un espacio para que el niño exprese sus deseos, necesidades, sentimientos y pensamientos. Siendo pacientes hacia su dificultad de expresión, que cada vez será más fluida. Cuando le pregunte algo, déjele tiempo para que responda. Y cuando le pregunten a él, esperar a que sea él quién conteste. No se adelante a su respuesta.






  • Utilizar palabras correctas para designar los objetos, acciones y situaciones. El lenguaje infantil es muy gracioso para los niños, pero no para los adultos.


  • Hablarles en un tono de voz correcto. No se puede pedir a un niño que no grite si los adultos de su alrededor lo hacen. Respetar y hacerle respetar los turnos de palabra. Esto se lo exigimos al niño, pero pocas veces se lo respetamos.


  • No hacer comentarios negativos acerca de su lenguaje delante de él.



     



1. EL LENGUAJE DE LOS NIÑOS









La comunicación y el lenguaje son dos aspectos que se suelen confundir. El niño durante el primer año de vida desarrolla las bases necesarias para la aparición del lenguaje oral, sus primeras palabras. Hasta ese momento el niño ya es capaz de comunicarse con las personas de su entorno aunque aún no hable.




Desde que nacen, los niños muestran un especial interés hacia la voz humana y, aunque nos puede dar la impresión de que comprenden lo que les decimos, en realidad lo que entienden son las situaciones en las que se emplean esas palabras.
Las primeras etapas del desarrollo del lenguaje son fundamentales y constituyen la base para un correcto desarrollo del lenguaje. Pero esto no quiere decir que no aparezcan dificultades posteriores, ya no sólo en el lenguaje, sino también en su habla (ceceo, rotacismo /r/…), en su comunicación (tartamudez) e incluso en el aprendizaje del lenguaje escrito. Un adecuado desarrollo en las primeras edades facilita la adquisición de habilidades más complejas pero no las garantiza.